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Entrada

En la noche de las estrellonas en el Sonorama también hubo rock and roll.

Este era un sábado especial en el que llegaba a Aranda con el reto de obviar a los cuatro nombres que venían en letras grandes en el cartel del Sonorama. Tengo claro que los grandes nombres venden entradas y concentran el interés masivo de la audiencia, y aunque ninguno de los cuatro programados para este sábado coincidiese con mis gustos musicales no soy un lerdo y entiendo perfectamente que la inclusión de este tipo de artistas en el cartel permite que la organización pueda traer a pequeñas bandas semi desconocidas para poder configurar una oferta amplia y variada en estilos, a la vez que a financiar los conciertos gratuitos fuera del recinto. Y precisamente por lo variado de la oferta iba a poder obviarlos y, salvo por los movimientos de masas en el recinto, prácticamente ni enterarme de que habían estado allí.

No empecé la mañana con música, sino con la tradición de la visita a las bodegas, parada inexcusable cada año el sábado del festival que además de ser un símbolo de como agasaja Aranda a sus visitantes para esta fiesta de la música, nos permite degustar los caldos de la D.O. Ribera del Duero acompañados de unas viandas que suponen un magnífico tentempié para una mañana plagada de conciertos dentro del casco urbano.

La procesión por las bodegas me dejó a las puertas de la iglesia, pero no fue para asistir a ningún rito católico sino porque este año, con muy buen criterio, el Sonorama ha añadido a sus escenarios la Iglesia de Santa María, patrimonio local de sobra conocido por los miles de asistentes a los conciertos del casco urbano porque se alza como imponente testigo de nuestra idas y venidas entre los populares escenarios matinales de la Plaza del Trigo y la Plaza de la Sal.

No era la primera vez que entraba, ya que en 2014 se dio la feliz coincidencia de que los asistentes al festival pudiésemos disfrutar de una muestra del ingente patrimonio histórico-artístico que atesora Castilla y León que bajo el nombre de “Las Edades Del Hombre”, de forma itinerante, y con un aglutinante temático diferente cada vez, recaló ese año en Aranda bajo el título de “Eucharistia”.

Un espacio atípico para conciertos de pop y rock con un aforo limitado a 300 personas y al que se accedía aportando un donativo de 5€ destinados a ayudar en las labores de restauración de la propia iglesia, que a la vez suponía un marco perfecto para la artista escogida para la ocasión, la norteamericana Joan Waser, conocida artísticamente como Joan As Police Woman.

La cantautora norteamericana, de gira por Europa (nos invitó a asistir a su concierto de esa misma tarde en Madrid dentro del ciclo Los Veranos de la Villa), traía bajo el brazo un triple album (Joanthology) que resume su carrera en solitario desde 2002.

Su concierto en Aranda alternó interpretaciones al piano y a la Telecaster, acompañándose en alguna de ellas de una primitiva caja de ritmos del 83. El setlist estuvo compuesto principalmente de temas de su triple recopilatorio aunque también se coló alguno de lo que avanzó como un próximo album de versiones.

Fue, en definitiva, un formato de concierto muy especial y disfrutable, tanto por el majestuoso escenario como por la artista elegida, y lo compartí con vecinos de Aranda encantados de ver como el Sonorama abría sus tentáculos a otros tipos de ofertas musicales (y públicos) a la vez que les permitía colaborar en la restauración de su iglesia.

Mi siguiente escala era la Plaza del Trigo, y lo que estaba subrayado en rojo en mi agenda era el concierto sorpresa de las 3:05 de la tarde. No había ningún tipo de confirmación, pero éramos legión los que teníamos la convicción (y la esperanza) de que Viva Suecia pisaría esa tarde el mítico escenario del Trigo, incluso sabiendo a ciencia cierta que el frontman de la banda murciana, Rafa Val, no podría tocar la guitarra debido a una fractura en uno de los dedos de su mano izquierda.

Y nuestra convicción se convirtió en certeza. Puesto que fue un concierto muy especial en múltiples sentidos, para mi, para la banda y para un gran número de los presentes en las inmediaciones de la Calle Isilla ese día le he dedicado una crónica especial, extraída como un spin off, que puedes leer aquí: Viva Suecia cosecha Trigo en territorio vitivinícola.

Mi cierre por este año de los conciertos en el casco urbano también era muy especial, y completaba una mañana/tarde mucho más en línea con mis gustos que todo lo que ofrecía la programación nocturna en el recinto. La tardía hora a la que terminó el concierto de Viva Suecia en el Trigo y lo atestadas que estaban después todas la calles del centro de Aranda hizo que fuese una odisea llegar a tiempo al escenario del Centro Cívico de Sta. Catalina para el concierto de El Verbo Odiado, pero allí estaba justo coincidiendo con su última prueba de sonido.

Aquí no había problemas de aforo, como en el Trigo, y si un solazo implacable que casi convertía en héroe al que dejaba el confort de la sombra para posicionarse frente al altísimo escenario y arropar así a la banda.

Esto tenía poco que ver con la fiesta que había dejado atrás, la música de los oscenses se nutre de paisajes lúgubres e intimistas, de guitarras que se persiguen regodeándose en la fatalidad, de ambientes pintados en claroscuro, de letras que cantan a la frustración y la impotencia, arrastradas por la asunción de un determinismo que no deja levantar cabeza. Algo triste y muy hermoso a la vez.

Un concierto de El Verbo Odiado, al igual que su disco “Tú Ganas” (CD autoeditado en 2018 y posteriormente publicado por Subterfuge en formato LP y digital) es un viaje emocional, es como adentrarse en una densa niebla en la que debes avanzar silencioso y agudizar todos tus sentidos porque vas ciego y te sabes a merced de todos los obstáculos. Es algo que reclama atención y concentración y yo, desde aquí, quiero hacer eso mismo, reclamar tu atención sobre esta banda de letras que rezuman poesía y cuyas guitarras te envuelven y te embarcan en sus persecuciones encadenadas.

No te los pierdas cuando pasen por tu ciudad, o ponles en tu lista de prioridades para resolver solapes de escenarios en festivales, yo estoy deseando disfrutarles de nuevo, preferentemente en un ambiente y horario que encaje más con su música que el de una corrida de toros.

Tras una mañana/tarde super satisfactoria y llena de emociones llego a tiempo al recinto para hacer un tres en raya de Subterfuge, seguido, y en tres escenarios distintos (Viva Suecia, El Verbo Odiado y Soledad Vélez), si por la noche hubiese aparecido Anni B Sweet como comodín del público sustituyendo a alguno de los cabeza de cartel eso ya hubiese sido para que los de Subter cantasen bingo sin mirar el cartón.

Es muy significativo el giro que ha dado a su música Soledad Vélez abrazando sin reservas la música electrónica y, a la vez, cambiando al castellano. Para mi (que soy rockero de galones y punk de nacimiento) la sorpresa ha sido del todo positiva y estoy seguro de que va a potenciar su carrera y va a permitir que la disfruten públicos más amplios.

Tienen algo tóxico las canciones de “Nuevas Épocas” (publicado por Subterfuge en 2018) que me impulsan a algo totalmente impensable en mi, bailar. Y cuando digo bailar me refiero a que mis pies se levanten del suelo, no que simplemente se muevan rítmicamente arrastrados por la música.

Y algo parecido es lo que les ocurría a todos los congregados a las 7 de la tarde ante el escenario principal del Sonorama en el que se presentó la chilena en formato dúo, acompañada de Jordi Sapena, ambos detrás de sus teclados y sintes.

Con una puesta en escena muy sobria arrancó su set con “El Poder” en esta su primera aparición en un Sonorama. Y nos ofreció este setlist…

El Poder
Jóvenes
Esta Noche
Flecha
Cromo y Platino
Vamos a tu Casa
Pa´Siempre
Ven Para Acá
No vuelvas
50 latidos

… en el que a los celebrados hits del disco como «Esta Noche», «Cromo y Platino» o «Pa´Siempre», se unieron al final dos creaciones recientes como «No Vuelvas», su nuevo single lanzado en julio que incorpora un autotune light en los coros y «50 latidos» que publicó a finales de mayo en colaboración con Ley DJ.

Quizás lo que más me gusta, además de la personalísima voz de Soledad, es lo directo, sencillo y desacomplejado de un synth pop que casa bien con el que hacían a principios de los 80 Vince Clarke y Alison Moyet en Yazoo o el de los primeros Depeche Mode.

Me quedo con la pena de que, quizás por presupuesto de producción, por tercera vez me quedo con las ganas de ver a Soledad acompaña también de Angela Pascual a la guitarra, además del ya mencionado Jordi Sapena. En el Tribu doy por hecho que no va a ser.

Tenía dudas de que Nacho Vegas iba a presentarse esta vez en el Sonorama (el que viene a divertirse y después de su show sigue animado y se sube a cantar «Toro» con El Columpio Asesino, o el mitinero). En cuanto atisbé sobre el escenario a “Los Coros Libertarios de la República de Asturies” ya obtuve la respuesta sin que empezase a sonar una nota.

No tenía alternativas que me atrajesen y aguanté un rato; no se puede ser tan canso con los mítines ¿En la intro de una canción? Vale. Pero ¿En todas? Eso es pasarse mucho, y no lo digo porque esté en desacuerdo con el contenido de sus mensajes, todo lo contrario, sino porque no se puede dar el coñazo de esta manera al personal, que la gente es inteligente, tiene criterio y sabe sacar conclusiones, no hace falta que entre canción y canción se le entresaque de la prensa todos y cada uno los agravios e injusticias que se sufren a diario en el mundo. No se si cobró o pagó por dar el mitin, pero a mi —que estoy en contra de lo mismo que él- me echó de allí porque también estoy en contra del adoctrinamiento. Si nunca veo televisión en directo para poder saltarme luego los anuncios no estoy para aguantar un concierto lleno de cortes “publicitarios”.

No se si Nacho Vegas se apuntó también a quemar adrenalina en el escenario de al lado con Carolina Durante, ni soy médico para recetárselo, pero mal tampoco le iría.

Lo de estos chavales es increíble, vaya carrera meteórica que llevan. Solo tenían un par de EPs y ya estaban en boca de todos y llenando salas. Y no creo que la salida de su primer LP haya aportado nada especial al fenómeno que ya venía lanzado e in creschendo desde el pasado año, simplemente siguen con su inercia de ser requeridos en todas partes y petarlo con Sold Outs o congregando audiencias masivas en los festivales, como en este sábado del Sonorama. Yo no recuerdo haber visto en ninguna edición previa tanta gente en un concierto a las 8,40 de la noche.

Los tíos tienen un desparpajo increíble, ni se inmutan por la importancia del evento ni por la magnitud de la audiencia, ni por las reinonas que tocaban después de ellos, y tienen al público dando saltos incansable y coreando todas sus canciones, llegando al climax cuando presentan al ya archifamoso “Cayetano”. La banda suena en directo como un cañón (me insiste Carlos Hernández, su técnico de sonido, que todo es mérito de ellos, aunque algo ayudará tener a semejante máquina a los controles) y habrán llegado en el momento correcto o lo que se quiera, pero ahí están imparables.

Algo me pasa con Zahara que no acabo de conectar con ella, es un misterio para mi (aunque para nada la causa de mi inmutable insomnio). Me quito el sombrero (bueno, la visera para ser exactos) ante el pedazo de banda que se ha montado para esta gira y aguanto al pie del cañón porque se que antes o después me voy a embriagar con la guitarra de Manuel Cabezalí en la parte final de El Diluvio Universal. ¡Qué gozada! Pero no deja de ser una anomalía, algo que no entronca con el resto de su repertorio que, por otra parte, es bastante ecléctico y, de hecho, termina el concierto con una canción claramente pensada para la pista de baile («Hoy la bestia cena en casa»), muy reivindicativa pero eminentemente bailable ¿Que mensaje se impone en esta canción, el que te insta a reflexionar o el que te invita a bailar?.

Sin embargo en el escenario Ron Negrita Mostaza Gálvez si que tiene una línea clara y un discurso coherente. Esto es rock and roll, en la actitud, los riffs, las letras, la presencia escénica… nada de ambigüedades.

Según van desgranando en directo las canciones de su LP “Vida y Milagros” me siento invadido por las mejores esencias del Power Pop británico y norteamericano, canciones compactas y bien construidas que en directo se muestran con un vigor y una crudeza que se me antoja un tanto suavizada y enmascarada por la producción en el disco. En directo estas canciones resultan mucho más contundentes.

Me hubiese gustado que durase el doble, no solo por lo mucho que lo disfrutamos a pie de escenario, sino porque unos riffs y unos punteos nos alimentan mucho más que todo el postureo nostálgico que al terminar seguía en el otro escenario.

Los cambios de última hora producidos en el escenario Negrita con la ausencia de Balthazar me acabaron llevando a ver un rato a Rulo y la Contrabanda, que a pesar de llevar años en activo para mi son unos perfectos desconocidos. Solo son primeras impresiones de lo que vi y oi, pero me fui con la sensación de haber tenido delante a un sucedáneo un tanto light de Fito y Los Fitipaldis con letras un tanto más naïf. Yo mismo pondría en cuarentena este juicio, probablemente precipitado al carecer de otros referentes.

De vuelta a mi escenario del día, el Ron Negrita, me encontré con Basanta y sus máscaras con tocados cérvidos, como recién salidos de un ritual pagano de secta secreta. Me gustó su breve show, con un sonido que de inmediato me proyectó la imagen de The Mission y The Sisters of Mercy. Sonidos densos y envolventes, con pinceladas góticas, fuerte presencia de mellotron adornada con efectivos riffs de guitarra y toques psicodélicos,

Me resultó una invitación convincente para tratar de ver su show completo en sala, porque más que únicamente canciones individuales me quedé con la sensación de que había visto un fragmento de algo estructurado como un conjunto, como que aquello fue un acto de una obra o algo así. En seguimiento.

Después de ver el pasado año a Segura al frente de L.A. con banda completa, aquí en el Sonorama, y posteriormente en una presentación en solitario con el acompañamiento en dos canciones de Nat Simons, tenía muchas ganas de ver la puesta en directo del primer album de Luis Albert Segura en castellano y al parecer fuimos testigos tempraneros ya que me pareció entender que este era su segundo concierto presentando “Amenaza Tormenta”.

La primera sorpresa es ver que no se cuelga la guitarra (acústica o eléctrica) en muchas de las canciones y que adopta un papel de frontman clásico, acompañándose en ocasiones de pandereta. La segunda es que una vez superado el choque de no haberle oido cantar previamente en castellano, según avanza el concierto te vas adaptando al sonido de su voz. y la tercera sorpresa fue ver al bajo a Miguel De Lucas (Ex Sunday Drivers y en los últimos tiempos con Rufus T. Firefly).

Es posible que todos necesitemos un tiempo de adaptación, Luis Albert a su “nuevo” idioma y rol, y nosotros a no esperar lo mismo que en L.A. pero en castellano.

Antes te tomar el camino de vuelta a casa y dar por finalizada (para mi) esta edición del Sonorama me acerqué con más curiosidad que interés a dar las 3 de rigor a Mucho y a unos Delorean que se despedían de los escenarios. La cosa no dio mucho de si porque la electrónica, salvo rarísimas excepciones, ni me toca la fibra ni me pone a bailar. En realidad simplemente estuve extendiendo el tiempo desde que acabó el concierto de Luis Albert Segura para llegar a ese canto del cisne de los de Zarauz.

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