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El EbroVisión 2018 se cerró bailando con La Casa Azul (Crónica del sábado)

El sábado exigía tomar decisiones logísticas porque se daba una colisión de intereses. Ir a la Fábrica de Tornillos para los conciertos de Salto y Los Coronas o ir al casco viejo para disfrutar de la muestra gastronómica en la Plaza del Ayuntamiento amenizada por DJs desde el kiosco de la plaza. Pudo el hambre y la curiosidad de vivir ese aspecto no musical del EbroVisión. Me quedé con las ganas de un primer contacto con Salto, pero de Los Coronas tengo acumulación de conciertos, la elección no fue muy traumática.

La Plaza del Ayuntamiento estaba de lo más animada, la selección de los DJs nos seguía manteniendo ligados al ambiente festivalero y las múltiples casetas regentadas por establecimientos locales nos tentaban con delicias gastronómicas de lo mas diverso. Opté por sentarme a observar el flujo de público local para dejarme guiar por él antes de decidir en que cola debería ponerme. En estas cosas del yantar las colas no suelen engañar, así que me decidí por la más poblada que resultó ser la del restaurante “La Vasca” que ofrecía una “Tosta de Rabo Guisado, boletus, queso de cabra y cebolla caramelizada”. La cola no mentía, la gente de Miranda es sabia. Luego me hice con el postre en la caseta de al lado, una fantasía de dulce que replicaba a la perfección un tomate, excepto en el sabor, claro.

Y tanto como la comida me gustó el detalle del compromiso del Ayuntamiento Mirandés con la exigencia de la liberación de la Autopista AP1, recordando al Gobierno de la Nación, con un reloj de cuenta atrás situado en el balcón principal, los días que faltan para que finalice la actual concesión y se convierta en una Autovía de uso gratuito para todos.

Unos cafetitos y cigarillos después estaba listo para seguir disfrutando de la música pero sin prever en absoluto que estaba a punto de presenciar la gran sorpresa de esta edición del EuroVisión. A escasos 100 metros de la Plaza del Ayuntamiento y en un pequeño escenario respaldado por la pared de la Iglesia de Sta. María surgieron los norteamericanos Revel In Dimes y aquello fue un auténtico estallido del mejor rock, soul, blues,… los pocos que inicialmente acudimos a su llamada quedamos hipnotizados. ¿Dónde estamos, en Miranda o en un garito a orillas del Mississippi? El rumor no tardó en extenderse a la Plaza y las calles adyacentes, algo grande estaba pasando ahí y a la tercera canción ya no cabía ni un alma más.

Te vas con la sensación de que acabas de vivir un sueño, acabas de disfrutar de una banda increíble, sacada de una película, que desgranaba sin despeinarse todas las mejores esencial del rock primitivo y más auténtico, del soul más transgresor, del blues mas errante, con una guitarra afilada, un bajo que parecía una guitarra, con todos intercambiándose la voz principal según la canción y con una front woman con una presencia escénica impresionante que también sabía apartarse cuando el protagonismo le correspondía a uno de sus compañeros. ¡Como disfrutamos!

La cosa fue muy fuerte y la prueba de como se quedó la peña con lo que acababa de vivir fue que el Road Manager abrió el portón trasero de la furgoneta al terminar el concierto y se hinchó a vender vinilos, CDs y camisetas de la banda.

Este fue el setlist de Revel In Dimes (del que oportunamente me apropié en cuanto se bajaron del escenario):

Runnin
Jumper
This Morning
Rollin’
You Gotta Go
Tuff City (For Love)
K.I.S.S.I.N.G. (I Wanna Know You)
Skinny Woman
Mine
Left/Right
Dimes
Treat Me Nice

Después se subieron a ese mismo escenario Los Bengala, muy energéticos y muy centrados en la película que tienen montada. Estaba lleno y la gente se divertía y disfrutaba pero yo me tuve que marchar porque después de lo de Revel In Dimes aquello me parecía solo ruido.

Sabiendo que el día no me iba a deparar nada mejor que lo que acababa de vivir en la calle me dirigí al Multifuncional del Bayas donde en la carpa abrieron unas Hickeys muy animosas, especialmente la bajista y cantante, pero que no acaban de tener una línea muy definida. Ofrecieron un concierto bastante irregular, con versión de Kaka DeLuxe incluida, y acabando con algo que apuntaba sospechosamente a las Hinds que no me parecen precisamente un buen espejo para mirarse (los milagros suceden, pero no todos los días).

Tampoco consiguió engancharme el rollo para quinceañeras que destilaban muchas de las canciones de Pol 3.14, me quedé con la sensación de estar ante un cantautor de pop comercial un tanto fuera de hora. Quien si que me pareció destacable fue la batería, a la rockera que lleva dentro ese pop sin sal se le quedaba pequeño y no me extrañaría verla en el futuro en una buena banda de rock.

Dentro del Multifuncional abrieron fuego Carolina Durante que contaban con toda mi curiosidad dada su popularidad en las redes por sus canciones “Cayetano” y “El Himno Titular” y por referencias a Los Nikis leídas en algunos comentarios. Me decepcioné bastante rápido, ni rastro de la ironía de Los Nikis ni del gamberrismo simpático de los Siniestro Total primigenios o de Glutamato Ye-ye. Me parecieron una banda de lo más vulgar y nulo interés. A otra cosa.

La Habitación Roja son un referente del EbroVisión y cuentan en Miranda con una buena base de seguidores que disfrutaron enormemente saludando y coreando todos los clásicos de la banda. Guitarreros y energéticos, los valencianos le dieron un amplio repaso a su extensa discografía haciendo parada especial en su último LP “Memoria” del que tocaron 5 temas (Berlín, Estrella herida de muerte, La última noche del año, Madrid y Nuevos Románticos, con la que abrieron el concierto). “Fue Eléctrico” es el segundo album más visitado con Ayer (que fue la encargada de cerrar el concierto), Indestructibles y La Segunda Oportunidad. Otros temas que sonaron fueron De Cine, La Moneda En El Aire, Febrero, Voy a Hacerte Recordar, El Eje Del Mal y Un Día Perfecto.

Los burgaleses La MODA se presentaron en formato de sexteto por la ausencia forzada de su bajista. Los de la camiseta de tirantes y el quejido lastimero se han paseado este año por más festivales que nadie en este País. Si bien no comulgo con su épica de baratillo ni con su rebeldía de boquilla y su falsa modestia, es evidente que la banda ha mejorado mucho en los últimos años y ha encontrado su camino tomando como referente a bandas serias de folk pop como Mumford and Sons y alejándose del circo ambulante de postal de fakers como Gogol Bordello y similares.

El show que ofrecen a su ya legión de incondicionales tiene calidad y está muy cuidado en todos los aspectos, tanto en su sonido como en la iluminación. No faltaron ninguno de sus temas más conocidos y finalizaron el show con “Héroes del sábado”.

Ni la electrónica ni el bailoteo es lo mío pero no quise perderme la puesta en escena de una banda que además de ser cabeza de cartel es todo un clásico del pop español, así que me quedé para las dos de cortesía a La Casa Azul. La puesta en escena con el muro de pantallas, el DJ en lo alto y los músicos “encasquetados” fue bastante curiosa. La gente tenía ganas de fiesta y el baile recorría todo el pabellón. Al final, vaso y cigarro en mano, decidí quedarme hasta el final del concierto, pero viendo y escuchando desde el exterior. La razón para quedarme fue como un pequeño examen a mi mismo, descubrir como de permeable había llegado a ser a bandas como esta que nunca habían sido de mi interés. Una especie de reto, “a ver cuantas canciones de estos conozco sin que yo sea consciente de ello”. A punto estuve de irme totalmente satisfecho de mi impermeabilización de rockero impenitente. A punto, porque entonces sonó “La revolución sexual” y, evidentemente, la reconocí de inmediato.

Ahí se acabó mi EbroVisión 2018, agotado de 3 días muy intensos me despedí hasta el próximo año del luminoso de la entrada sin esperar a la sesión de cierre con DBFC ni los DJs de madrugada en la Sala Orosco.

Me fui satisfecho con lo vivido durante el fin de semana y de comprobar que la esencia que hace que el EbroVisión sea un festival tan especial continúa intacta con el paso de los años. Y esos aspectos que tanto aprecio son:
El ambiente. Tanto dentro del recinto, como en los aledaños donde suele apalancarse la chavalada en cuadrillas entre conciertos o cuando actúa alguien que no es de su interés, el ambiente es de fiesta y camaradería, de gente que va a disfrutar de la música junto a sus amigos.
Una programación variada e interesante que nunca deja de lado la actualidad musical pero que siempre aporta alguna sorpresa que no encontrarás en otros festivales.
Conciertos sin solapes, todo lo que te interese vas a poder disfrutarlo.
Un aforo limitado que permite a todo el mundo disfrutar y no sentirse agobiado en ningún momento.
Ausencia de molestas colas y largos tiempos de espera. Para entrar, para comer, beber, conseguir moneda, acreditarte, ir al servicio, etc… las esperas, si las hay, son mínimas. Quizás este año se haya echado en falta algún puesto de comida más. Los que había eran buenos pero un poco escasos.
Independencia total del clima, estas bajo techo.
Una experiencia muy cercana a la de un concierto en sala, nadie está lejano o ajeno a lo que ocurre en el escenario.
Sets más largos que los 40 o 45 minutos a los que se constriñe a muchas bandas en la mayoría de festivales.
Facilidad de aparcamiento y un transporte oficial muy fluido entre el recinto y el camping y la ciudad.
Actuaciones atractivas en la ciudad, tanto en La Fábrica de Tornillos como en las plazas que se disfrutan sin sufrir ningún tipo de masificación.

¿Que más se puede pedir? Pues que llegue pronto el del año que viene.

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Publicado simultáneamente en kigonjiro.com y tumusica.live por Txomin.

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