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Archivo para agosto 18th, 2018

Artículos

Y ahora el artículo que estabas esperando dándole cera al Sonorama (como el año pasado)

Pues no, mi maestro, el Sr. Miyagi me mandó dar cera el año pasado, pero este año me ha dicho que toca pulir cera. Y yo soy un discípulo muy obediente, pero tengo que aclarar que lo mío ha sido siempre dar y que estaba cazando gorriones el día que enseñaron a pulir.

Como no estoy en Aranda, sino en el sábado de las fiestas de mi pueblo (el mejor de Burgos, para que no hagan falta mas pistas, y aunque tenga el título de ciudad) he cambiado el cordero por un chuletón a la plancha, pero el Ribera que lo ha acompañado, un crianza de 2015 que he pillado esta mañana en el Eroski, va a estar muy presente en este artículo. Pero el que habla soy yo, no el Ribera del Duero que baña mi sangre, que quede bien claro.

Quien no esté al corriente puede remitirse a mi artículo del año pasado en kigonjiro.com, no vaya a parecer hoy que aquí nos dedicamos a chupar pollas o a bailarle el agua a quien convenga o nos pague (esto no es Je Ne Sais Rian o similares). Simplemente el año pasado tocó dar y este año tocar pulir.

Lo mejor de todo es comprobar que el Sonorama escucha. No estoy diciendo que a mi, sino a toda la gente que desde “tuiter”, “feisbuc”, y demás redes sociales, manifestó su descontento sobre como habían ido las cosas en la edición de 2017.

Y es que este año se han resuelto muchos de los problemas que denunciamos y criticamos el año pasado y, en lo que a mi artículo respecta, se han atendido muchas de las demandas y peticiones en el listadas, algunas con soluciones que sobrepasan las propuestas que yo hice, todas ellas dentro de una crítica constructiva que pretendía sumar.

Nada mas entrar en el recinto ya vi aplicadas versiones mejoradas de soluciones que yo había planteado para la redistribución de espacios, y vi que se habían ampliado los puntos de recogidas de pulseras, que se habían duplicado los carriles de acceso, que todas las casetas de venta de sonos, y de atención al público, estaban sobradamente atendidas dese el minuto uno, que el escenario 3 ahora tenía capacidad para absorber un concierto grande sin taponar la vía de acceso y salida del recinto,… en fin, que vi, nada mas entrar, que se había trabajado mucho en aplicar soluciones. Y esas cosas toca reconocerlas igual que el año pasado tocó criticarlas.

Si, ya se, me vas a decir que el sábado hubo momentos de agobio. Yo no lo sufrí porque estaba refugiado en el asteroide rebelde (el escenario 3) huyendo de esos infiltrados del mainstream que son Izal y Dorian, que quieren traer la confusión a la galaxia, pero pude ver como se desplazaban en masa los stormtroppers en determinados momentos.

No puedo achacar a la organización del Sonorama el comportamiento humano. Si después de haber ampliado el recinto en varios miles de metros cuadrados, haber desplazado a una zona independiente el merchan y la restauración, agilizado la entrada duplicando los carriles, rediseñado para mejor los espacios de barra y aseos, y haber eliminado la opción de posibles tapones en el escenario 3, resulta que la vía de acceso y salida se colapsa eso ya no es culpa de la organización, sino del comportamiento humano. Comportamiento que quizás pudiera haber sido en parte previsible, pero que solo es achacable a la gente.

Si el chip de instrucciones de 20 mil stormtroppers procesa a la vez la misma información nos encontraremos con todos ellos abandonando a la vez el escenario principal tras el “¿show?” de IZAL con destino a la zona de restauración saturando los establecimientos de comida para recargarse las pilas antes de que comenzase el show de Dorian, que es lo que les recomendaba a todos ellos la famosa Guía Capullín, que viene por defecto en las Apps de sus Androids. Y ahí no hay previsión posible que solucione los atascos y la saturación, son inherentes a este tipo de individuos y su raciocinio, o su falta de él. Para nada achacable a la organización del festival, así que no lo veo como un problema de organización sino como el producto de la estupidez humana. Incluso en el caso de que la organización esté encantada en ocasiones con esta falta de pensamiento popio de las tropas del imperio y de los consecuencias que esto conlleva.

Así que visto todo lo mejorado y que el control del movimiento uniforme de masas no está en sus manos, solo me queda felicitar al Sonorama, y congratularme de que hayan estado atentos a quienes demandába(mos) estos cambios.

Eso si, no puedo dejar de recordar, con pena, cuando este festival se caracterizaba por estar poblado por “seres únicos” en lugar de por “seres iguales”,  y sin esos “arenales” con sus pistolitas de agua, y demás mierdas, que los habituales están echando tanto “de más”.

Y, después de pulir cera, volvamos a lo que sigue sin solucionarse.

Es hora ya de que esa Plaza del Trigo se viva fuera de allí. Empezando por un streaming que la lleve a cada rincón del mundo y siguiendo por una “descentralización” que resuelva ese colapso que atenaza a la calle Isilla.

La mitad de los presentes ya ni oyen la música, y la otra mitad aseguran estar “escayolados”. Es hora de limitar el acceso para que El Trigo sea algo disfrutable. Una emisión en streaming que se replique con una buena pantallaza y potente equipo de sonido en otra plaza de Aranda podría ayudar a ello.

Y rescato una petición no atendida de mi artículo del año pasado. Las tres casetas para el merchan y la firma de discos, una por escenario. A ver si el recinto nuevo se diseña incorporando una solución que permita que los grupos, al terminar sus conciertos, puedan vender y firmar sus discos a la vez que tienen un punto de contacto con sus fans.

Como el año que viene el Sonorama será en el nuevo recinto de “El Picón” habrá que esperar hasta que vivamos la próxima edición antes de sugerir mejoras a la organización. La única sugerencia que me atrevo a adelantar es: mantened el aforo actual para el nuevo recinto antes de ver si es ampliable en 2020 y posteriores. No pongáis el carro delante de los bueyes, no es la forma de buscar el punto de equilibrio.

Tranquilo, Txomin, déjalo en mis manos, yo me encargo.

Ya hemos comprobado con las mejoras aplicadas en el recinto y organización, que el Sonorama escucha, y es de justicia reconocerlo. Pero no puedo dejar pasar, como ya advertí el año pasado tras mis dos crónicas, que mi espíritu crítico podría ser castigado si solicitaba una acreditación de prensa este año. Y, que me aspen si fue ese el motivo o no, pero la empresa externa encargada del tema me denegó la acreditación para esta edición, pese a haberme currado con puntualidad e interés cada nueva noticia que afectaba a esta edición del Sonorama.

Manifesté que no iba a achacar a mis críticas una posible denegación, pero luego no dejé de pensar que no era de recibo que la mejor crónica del festival en 2017 (modestia aparte) se viese privada de estar acreditada en el mismo, y así se lo dije en un mensaje privado a Javier Ajenjo. Su respuesta fue clara y concisa: “Txomin, déjalo en mis manos, yo me encargo”. Y lo hizo, no fue una maniobra de distracción del Imperio dispersando a los rebeles.

Lo desvelo porque es otra muestra más de lo que decía al principio de que han solucionado lo que estaba en sus manos (en contraposición a lo que no lo está, lo causado por el comportamiento humano) y porque, cuando me ha sido posible, he estado observando (sin que el pudiese identificarme) como está pendiente Javier de cada puñetero detalle.

Todos le veis cuando se sube al escenario del Trigo a anunciar la actuación sorpresa, cargando con ese pedazo de botellón del que yo daría buena cuenta muy a gusto, y ese cartel de “Espíritu Ribera” haciendo de hombre anuncio, pero yo he estado observando como cuida cada detalle. Haciendo de anfitrión, y colega, con las bandas, dentro y fuera del backstage; preocupándose de que esté bien hasta lo mas insignificante, volviéndole a decir al encargado del acceso al recinto como deben funcionar las cosas y que no son aceptables retrasos ni atascos; supervisando y haciéndose presente también en los escenarios desperdigados por la ciudad; en fin, cuidándose de todo. Y siempre con una sonrisa en la boca.

Así que le agradezco enormemente que haya tenido unos minutos para mi y me haya solucionado el tema de la acreditación. Pero si me conocéis un poco ya sabéis que eso no tiene ninguna influencia en lo aquí escrito, simplemente el año pasado tocó dar cera y era de justicia que este año tocase pulir cera. Bendito Sr. Miyagi.