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El jueves, con Bunbury y Lagartija Nick en el Sonorama, la noche fue toda magia

SOLEA MORENTE

Conseguí llegar con tiempo solo de ver como se despedía Joana Serrat en el 3 justo antes de que Tulsa hiciese lo propio en el principal con un “Atalaya” que me hizo pensar que si Miren y cía tirasen más por ahí, por una música más energética y animada, me daría menos pereza ponerme con ellos. Al ver a Charly Bautista no pude evitar pensar en cuantas veces mas le vería este año encima de un escenario del Sonorama. Creo que al final solo fueron dos, las mismas que podría haber visto a Ricky Lavado pero que por el desajuste en los horarios solo llegue a verle una y fue andando por el recinto y no tras su batería. Ambos son dos auténticos pluriempleados del rock patrio.

Si que llegué a tiempo para ver completo el concierto de una Soleá Morente a la que todavía veo buscando su sitio y cuyos tres primeros discos me dejan cosas interesantes que no se acaban de consolidar y solo hay que escuchar la versión tan radicalmente distinta que ha hecho hoy en directo del “Dormidos” de su primer disco con Los Evangelistas para constatar lo brusco de estos volantazos.

Esta nueva andadura, acompañada de Napoleón Solo propone una música mas vitalista, menos oscura y mas bailable, pero a la vez es menos consistente y homogénea, quizás demasiado ecléctica, con un abanico demasiado amplio que abarca desde filtreos con palos del flamenco tradicional hasta la electrónica para la pista de baile.

Arrancó su show con La Alondra cuyos teclados finales me trajeron ecos de los primeros discos de Medina Azahara, y siguió con otras dos mas de su nuevo LP “Olé Lorelei” Anoche Me Preguntabas y Ya No Solo Te Veo A Ti tras las que hizo el primer homenaje a su padre interpretando La Estrella, canción de Enrique Morente que ya hizo aquí en el Sonorama hace 3 años con su hermana Estrella y Los Evangelistas en aquel Morente Vive! tan recordado. Y después de lanzarse por soleares (¡y con autotune!) en La Misa Que Voy Yo, vino esa reinterpretación del apocalítico “Dormidos” que comentaba al principio, en medio de la cual insertó unos versos del “Mirame a los ojos” de Enrique Morente.

El concierto dio hasta para un homenaje a Las Grecas con su “Te estoy amando locamente” y no faltaron “Olé Loreley” y ese “Baila Conmigo” en clave electrónica para las pistas de baile con el que cerró su concierto.

No me fui muy convencido de este cambio estilístico después de haberla disfrutado militando en las filas del frente ruidista, pero pensando a la vez que no podía atar su carrera a la de personajes que, además del salto generacional, tienen cada uno de ellos carreras propias cargadas de importantes proyectos y otras prioridades ajenas a ella. Y como asunto totalmente al margen, provocado por el título del LP, me preguntaba también si Soleá sabría que “Lorelei” fue un mítico festival de rock alemán de los 80 y 90 por el que pasaron David Bowie, The Cure, U2, Santana, Garbage, Rory Gallagher,…

NEUMAN

Tras Soleá tenía planeado seguir circulando por los escenarios principales hasta que acabase Bunbury y luego pegar un volantazo y cambiar de carril al escenario 3 para lo que me diese tiempo a ver de Egon Soda y los conciertos completos de Pasajero y Deltonos, y a partir de ahí perderme por la zona de restauración y tiendas hasta la hora de Lagartija Nick. Tampoco es que fuese a estar cenando hora y media, pero si que quería irme lejos no fuese que se me “pegatinase” algún virus mortal.

Pero vino El Cigala (o mejor dicho, no vino) y me descojonó entera la agenda. A la media hora de esperar me harté y me fui al asteroide rebelde a ver un rato a El Increíble Paso, en el que iba a ser mi primer contacto con ellos. Comprobé que podrían acabar ofreciendo algo de interés, que tenían potencial, pero mi cabeza estaba entre dos escenarios en ese momento sin centrarse en ninguno de los dos. Los ritmos cubanos que se filtraban en las paradas entre canciones me acabaron devolviendo al escenario principal donde desde la lejanía, y viéndolo a través de la pantalla de la torre de sonido, vi el final de su set (que se me antojó muy corto) mientras me estaba CESPM por haberme descojonado el plan del jueves.

Con ganas de disfrutar de la música de Paco Román y los suyos me dejé envolver inmediatamente por los guitarreos de Neuman con los primeros acordes de la enorme (y no solo en duración) Deleted Files de su recientemente reeditado “Crashpad” tras la que con Fear/Hi Love me sentí teletransportado como por arte de magia al Día de La Música de 2014 en el Matadero de Madrid, cuando durante dos días, en showcases de 20-25 minutos pasó por el escenario toda la cuadrilla histórica de Subterfuge. Y, oh casualidad, Paco lucía hoy la camiseta que recordaba ese 25 Aniversario del sello que celebramos aquellos días.

Siguieron con dos temas más de su último LP, All That Matters y la más contundente Boystar que calentó el terreno para la que sin duda es su canción más popular, Turn It. Y estábamos disfrutando todos a saco cuando notifican que hay que acortar el concierto para tratar de reconducir el desfase horario causado con “la cigalada” previa. A la gente no le sentó nada bien, pero peor aún nos sentó que al poco de comenzar Sil Fono el sonido sufriese un brusco corte (yo, al principio, pensé que algo se había jodido en el sistema de amplificación del escenario Castilla y León) y solo oyésemos a Neuman por los amplis del escenario mientras, sin esperar a que terminase el concierto, comenzó a atronar la banda de Bunbury desde el escenario principal.

¿Que cojones es esto, que coño está pasando aquí? Mal que les recorten el concierto pagando los platos rotos por El Ciagala, pero del todo inaceptable que lo hagan a mitad de canción y por la fuerza bruta (bajando el sonido y arrancando a saco el siguiente concierto). Neuman terminaron Sil Fono y me pregunto que pasaba por sus cabezas en esos momentos. Desde luego entre el público teníamos un cabreo del copón. Y también me pregunto si alguien engañó a Enrique Bunbury y le hizo pensar que el set recortado de Neuman había llegado a su fin o si fueron sus huevos maños los que dijeron “aquí estoy yo y no espero ni un segundo mas”. Lo desconozco, pero estoy seguro de que si después se enteró exactamente de lo ocurrido no creo que esté muy orgulloso de como sacó del escenario a unos colegas. Prefiero pensar que no fue consciente de lo que estaba ocurriendo en realidad.

BUNBURY

Por culpa del sorpresivo arranque en el principal mientras aún seguíamos tratando de disfrutar del final de Neuman, aunque fuese a bajísimo volumen, me perdí la entrada de Bunbury al escenario principal y parte de “La ceremonia de la confusión” (vaya coincidencia de título tan oportunamente puñetera dadas las circunstancias en las que comenzó a sonar).

Mis expectativas (sin doble sentido esta vez) eran grandes para este concierto y dejé los prejuicios en mi pueblo antes de venir hoy hasta Aranda, tenía muchas ganas de vivir un show de Bunbury y, de paso, tratar de entender porque hasta ahora ha desdeñado su presencia en festivales, más allá de tener la certeza de que lo que suponga tener ante si un público que está allí expresamente para verte a ti (y solo a ti).

Con solo escuchar La actitud correcta, la Cuna de Caín y En bandeja de plata ya tuve claras muchas cosas. La primera la solvencia de la banda, super profesionales, no solo técnicamente, tocando, sino en presencia escénica, no podrá quejarse Bunbury de como le arropan a todos los niveles. La segunda, esto es un concierto de rock and roll en toda regla (si, si, hay que aclararlo aunque pueda parecer de perogrullo). La tercera, que buena es la sonorización del Sonorama, la hostia, que gozada poder disfrutar los conciertos con esta calidad de sonido, que producción, suena como un puto cañón. La cuarta, he hecho bien en dejar prejuicios y fantasmas del pasado en casa porque Bunbury se estaba cascando un show monumental.

Y así siguió transcurriendo el concierto, a un nivel altísimo, con la peña entregada, disfrutando y celebrando todas las canciones; y después de una primera tacada de cinco temas de su último álbum tiró de clásicos, incluyendo alguno de Héroes del Silencio con los que hasta los mas despistados se sumaban al coro, como ocurrió con Mar Adentro mediado el show, que desató una auténtica locura, al igual que lo hizo Maldito Duende justo al final del show. No había mas que leer las caras de la gente para certificar que la noche fue toda magia.

Espero que Bunbury haya dado un puntapié a cualquier prejuicio que le quedase contra los festivales porque yo tengo muchísimas dudas de que lo que me pueda ofrecer en un teatro pueda mejorar la experiencia que hoy he vivido aquí. Será una cosa diferente, seguro, pero dudo mucho que mejor. Creo que han sido la primera banda que no me ha hecho pensar que ese escenario enorme les caía grande y he visto pasar por ahí a unos pocos durante todos estos años. Y está muy claro que conciertos como el de hoy, en un festival, además de abrirle la puerta de su música a mucha mas gente, proyectan un Bunbury de una dimensión mucho mayor que aquella en la que el mismo se había confinado (desconozco si consciente y voluntariamente).

El concierto del festival sin ninguna duda. (Si, si, ya se que el jueves es el primer día, pero es que esta es mi última crónica y ya he hecho previamente las del sábado y viernes, en ese orden, así que no me estoy adelantando a los acontecimientos. Ya dije el primer día que iría en retroceso, como la libertad de expresión en España).

PASAJERO

No venían al Sonorama desde 2013, el año en que estuvieron en una Plaza del Trigo aún no totalmente abarrotada de aspirantes a stormtrooper, y mientras arrancaban con “Hoja en Blanco” ya se percatarían de que el público del asteroide 3 no necesitaba ser salvado de ser distinto, ni de ser igual (como el del Trigo), que estaba allí con ellos en el corazón del asteroide rebelde por elección propia y meditada, pero Pasajero pensó que podría ser conveniente recordarles “Las Consecuencias” y que la amenaza constante de los “Francotiradores” podría hacerles arrepentirse de haber puesto en riesgo su libertad vigilada. Pero se entendió alto y claro: “mientras nos aguanten las fuerzas, que se vayan todos a la mierda”.

Y rendidos a los pies de Pasajero nos adentramos en su “Parque de Atracciones” intergaláctico donde a cada guardia imperial que nos cruzamos le recordamos que no son “Intocables” y que mientras sigamos respirando será porque estamos vivos y sin perder el equilibrio, así que lo demás no importa porque siempre podremos ir a por ellos. Mientras, nos dejamos arrastrar por el impresionante final de “Autoconversación”, que dejó el firme listo para que entrase la apisonadora de “Borro mi Nombre” encantada de decepcionar.

Y, entonces ¿Cual de todos éramos nosotros? Joder, pues seguíamos siendo los rebeldes del asteroide 3, pero rotos de felicidad, no como antes de que llegase Pasajero. Pero ya se podían manchar tranquilos y seguros de que estábamos disfrutando y riendo como los “Hombres tristes” y que nos quedamos con ganas de mucho más porque estos setlist de 35 minutos nos duran lo mismo que una caña y un pintxo.

Bendito escenario “Burgos, Origen y Destino”, este si que es el auténtico Salvavidas de los Balas Perdidas (los misfits, los impares, los rebeldes, los problemáticos, los a contra corriente, los locos,… y paro, porque el guión para el anuncio “Think Different” ya lo escribió Steve Jobs) y no aquel al que cantan mis paisanos del quejido lastimero y la camiseta de tirantes.

LOS DEL TONOS

Después de “taitantos” años siguen demostrando en cada directo que su lema “el rock americano es posible en castellano” es una auténtica realidad. Hace tiempo que rhythm and blues de los orígenes fue mutando hasta convertirse en este Rock desnudo y primitivo que han descargado este año en su vuelta al Sonorama.

El contundente redoble de batería que arranca Taquicardia nos metió sin avisar, sin cita previa, en un concierto que iba a transcurrir a base de guitarrazos, sin contemplaciones y sin perder el tiempo en presentaciones ni chorradas, con poco más de media hora disponible no se puede andar gastando la energía (y mucho menos el tiempo) en tonterías.

Estamos ante una banda muy curtida, que ya ha trapicheado en todas las esquinas del rock and roll y navajeado en todos los rincones del blues, el country y la americana. Cada nota, cada acorde, cada punteo, cada riff emerge desnudo de sus guitarras, todo está a la vista, no hay nada que enmascarar. Los antifaces para el carnaval porque aquí las guitarras te hostian a cara descubierta.

Aunque sean una banda con la que cierras los ojos y automáticamente te sitúas en un amplio salón de madera del Medio Oeste Americano, pegado a la barra, bourbon en mano, y rodeado te tipos raros con pinta de cazurros y peligrosos (votantes republicanos todos ellos), eso no es inconveniente alguno para poder disfrutar sin límite, y con muy buen sonido, aquí en el corazón de Castilla La Vieja, en un festival. Además para ver a Los Deltonos no necesitas ni el visado ni la tarjeta verde, ellos no te la van a pedir, solo hace falta que te guste el buen rock and roll.

Estiraron magistralmente el tiempo antes de tener que dejar paso a los siguientes, y la verdad es que les cundió bastante, lo suficiente para regalarnos todo esto:

Taquicardia
Elvis
Que Podríamos Hacer
No Por Nada
No Puedo Esperar
Horizonte E.
Mirar Atrás
Sur
Listo
Gasolina
Escucha
Hard Luck Blues

Ves Lapido como, aunque breve, te podía haber cundido un poco más, era cuestión de haber comenzado a tiempo. Ahora solo me falta verles en sala, que siempre se me tuerce. A ser posible en nuestra querida “Tancabria” y si es con amigos en “Los Picos” mejor que mejor.

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El Refugio Antiaéreo de Los Planetas me vendría muy bien ahora mismo, pero Granada pilla muy lejos y no se si seré capaz de encontrar por aquí un zulo donde aislarme las próximas dos horas. Me metería en mi taquilla de la sala de prensa, pero ni quepo ni se pueden abrir y cerrar desde dentro. ¿Pero como me castigas con una pachangada antes de Lagartija Nick? Con lo bien que me estaba fluyendo el día… a pesar del empacho de marisco.

LAGARTIJA NICK

Para cuando terminó Analema, de su último álbum, “Crimen, Sabotaje y Creación”, ya había conseguido pillar un sitio de privilegio enfrente de Juan Codorniu. Fue arrancar Lo Imprevisto y sentir que me arrollaba un tren, las mismas putas sensaciones que el otro día durante el concierto de Nine Inch Nails en Madrid; se la colocas sin avisar a “Torrezno” y no se le resiente para nada su setlist.

Después de la sincera y descarnada crítica política de Europa, Europa llegó un momento para el recuerdo, doble, para Jesús Arias, el hermano de Antonio, y para Joe Strummer, con una canción titulada precisamente Strummer, e incluida en el Picture Disc “El testamento del sol”, que ha visto la luz este año aunque se tratase de material rescatado del archivo de Jesús. Con una entrada martilleante de la batería de Eric nos lanzamos hacia la Estratosfera, el único tema de “Su” que sonaría esta noche, al que siguió la explosiva Agonía, Agonía para, siguiendo con el disco nuevo, adentrarnos en El Teatro Bajo La Arena y La Leyenda De Los Hermanos Quero, perseguidos y silenciados por el franquismo.

Soleá Morente, que había abierto este mismo escenario por la tarde volvió a pisarlo para acompañar a los Lagartija durante esa bestialidad de canción que es Vuelta de Paseo del “Omega”. Y tras Omega llegó el momento de recordar “Inercia” (que para el que no se haya enterado ha sido reeditado en vinilo este año) con El Nuevo Harlem y Satélite. Solo quedaba cerrar el concierto con la misma canción que cierra la edición CD de Crimen, Sabotaje y Creación, una pieza llamada Exilio que me pilló con el paso cambiado porque no está incluida en mi edición en vinilo. ¿Me pintáis el vinilo de rojo pero me dejáis esta canción fuera? 🙁

Ya he dicho que el de Bunbury fue el concierto “del festival” (no me retracto, pero las comillas están ahí por algo), pero yo estaba allí por esto, para sacarme la última espina que me quedaba clavada de unos 90 secuestrados por una relación tóxica y la responsabilidad de tener los salarios de mucha gente cargados sobre mis espaldas. Se que no es lo mismo porque cada disco tiene su momento y algunas canciones ni siquiera tienen ahora la misma lectura que entonces, ni sería el mismo repertorio en función del disco que tocase en cada momento, pero me gusta la reinterpretación actual y ha coincidido con la presentación de otro discazo como Crimen, Sabotaje y Creación, cosa que no hubiese ocurrido -por ejemplo- el pasado año si no se hubiesen caído a última hora del cartel de la XX Edición del Sonorama Ribera. Y que haya sido estando sobre las tablas esta formación en concreto lo hace mucho más especial.

Menos mal que mi coche se conoce la N-1 de memoria y pudo traerme hasta Briviesca con el piloto automático, porque yo aún seguía en el Nuevo Harlem, en el otro andén, pensando en que no querría sufrir la pena de no poder volver a los Lagartija en un próximo destino.

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Próxima escaramuza rebelde: “Dar cera, pulir cera”.

Publicado simultáneamente en kigonjiro.com y tumusica.live por Txomin.

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